De la mano de Julio…

Hace muchos años, un amigo y periodista, conociendo mi locura por Julio Cortázar (amor que él también comparte) me comentó de la existencia de un barrio lindero con la facultad de Agronomía, llamado Rawson, donde vivió Julio Cortázar.

En aquel momento, descubrimos el barrio en familia y nos pareció un lugar increíble. Luego, nos mudamos a Parque Chas, del otro lado del barrio y frecuentemente íbamos a perdernos por aquel barrio. En mis épocas de fervor deportivo, cuando recorría los 5 kilómetros del perímetro de la facultad y comunicaciones, al ingresar al barrio por Zamudio sentía que estaba en otra dimensión, donde el tiempo y el espacio se detenían y donde aminoraba la marcha para disfrutar de ese “estado” de beatitud que me envolvía cuando pisaba el barrio.

Habitualmente, para mi familia era una visita obligada después de un helado o una cena en algún lugar cercano: “Vamos al barrio de Julio” y así, llegábamos al barrio, nos acercábamos a la placita Carlos de la Púa y nos sentábamos en el viejo banco frente a la entrada del edificio de Artigas 3246 donde vivió y mirábamos el tercer piso, a la izquierda en busca de alguna señal que nos acerque a Julio del más allá. La señal nunca llegó, pero nos visitaban los gatos del lugar robándonos caricias a montones.

Años más tarde, decidimos vender nuestra casa en Parque Chas y obviamente, el sueño ya no era un sueño, era la posibilidad de vivir en el barrio Rawson. Como ameritaba, nos hicimos amigos del señor de seguridad que recorre sus calles desde hace muchísimos años. Buscamos datos de teléfonos de vecinos, llamamos preguntando si sabían de alguien que quisiera vender… Algunos fueron muy amables como la mujer del chalet frente a la plaza que me explicó que generalmente nadie se quiere ir del barrio, que la gente hereda y no se va… Lo que ella no sabía, es que yo sabía perfectamente donde vivía  y muchos otros vecinos, a quienes llamé y no me atendieron tan amorosamente como ella.

Para entonces, tenía armado un archivo Excel con las direcciones de las casas que me gustaban, el nombre de la persona que figuraba en la empresa de teléfonos, mismo caso con los departamentos.

En un momento, salió a la venta un departamento en un tercer piso que nos gustó mucho, por su amplitud, distribución y su luminosidad, pero no tenía ascensor y lo que me hizo dudar porque pensé en mi madre, amigas, en las compras del supermercado, etc. En mi duda, se señó y se vendió. Volver a empezar, otra vez…

Vimos otros, vimos una casita en Pantaleón Rivarola, y nos dimos cuenta que nos gustaba más la amplitud y la luz de los departamentos.

Habiendo señado un departamento en Villa Urquiza y teniendo el nuestro señado también, observé por internet que un departamento salió a la venta por inmobiliaria. Llamé a la inmobiliaria para verlo, pero después de insistir mucho, y dar vueltas, me decían que uno de los propietarios no estaba de acuerdo en vender, que no iba a ser posible. Como soy de las que no se rinden fácilmente, busqué el teléfono del departamento y llamé, acordé una reunión con uno de los dueños en un café y señé el departamento sin haberlo visto. A los pocos días acordamos una cita para verlo: imaginen que el dueño cuando se acercó a la ventana nos dijo: “esto es lo mejor que tiene, el exterior”. Era un desastre, mucho peor de lo que esperábamos. Cuando bajamos le pedí perdón a mi pareja, y se me caían las lágrimas, entonces él me dijo: “No te preocupes, linda. Lo vamos a arreglar”.

La felicidad nos duró poco, pronto vinieron momentos de desesperanza y profunda tristeza por las desaveniencias entre los dueños, a una semana de escriturar, así nos vimos obligados a contratar un abogado. Entonces, nos apoyarnos, intentamos salir rápido de la tristeza, dejar el sueño atrás y seguir adelante…

A los pocos meses, el abogado nos comentó que uno de los dos dueños había fallecido y que el otro quería renegociar. Empezamos otra vez, sin ilusionarnos demasiado y limitando todo el contacto a través de nuestros abogados. Finalmente, luego de todos los trámites sucesorios y gracias a la espera de quienes compraban mi casa en Parque Chas, logramos escriturar.

Desde entonces, vivimos felices en nuestro departamento en el Barrio Rawson, sintiéndonos por demás afortunados y habiendo cumplido un sueño, que empezó siendo mío y que mi compañero y mis hijas adoptaron por el inmenso amor que me tienen.

Para nosotros, Julio, es Cortázar y es uno más en nuestra familia…

Ómnibus

En el cuento Ómnibus*, Julio Cortázar describe el barrio Rawson, que por entonces pertenecía a Villa del Parque, aquí transcribimos algunas frases:

… A las dos, cuando la ola de los empleados termina de romper en los umbrales de tanta casa, Villa del Parque se pone desierta y luminosa. Por Tinogasta y Zamudio bajó Clara taconeando distintamente, saboreando un sol de noviembre roto por islas de sombra que le tiraban a su paso los árboles de Agronomía. En la esquina de Avenida San Martín y Nogoyá, mientras esperaba el ómnibus 168, oyó una batalla de gorriones sobre su cabeza, y la torre florentina de San Juan María de Vianney le pareció más roja contra el cielo sin nubes, alto hasta dar vértigo. Pasó don Luis, el relojero, y la saludó apreciativo, como si alabara su figura prolija, los zapatos que la hacían más esbelta, su cuellito blanco sobre la blusa crema. Por la calle vacía vino remolonamente el 168, soltando su seco bufido insatisfecho al abrirse la puerta para Clara, sola pasajera en la esquina callada de tarde.

*Bestiario – Editorial Sudamericana – 1951

 

Uno se siente fuera de tiempo y espacio

Soledad Villamil, además de ser una actriz increíble y una cantante excepcional, fue vecina del barrio hace unos años. Vivió en un departamento de Pantaleón Rivarola 2451. Declarada enamorada del Barrio Rawson, aquí transcribimos una nota que le realizó el periodista Fernando Belvedere para parque chas web.

Aquí reproducimos algunos párrafos sobre el barrio:

¿Cúando y cómo descubriste el barrio Agronomía?

– Hace como doce años, cuando vine con Marga , una compañera de teatro a conocer su departamento que estaba remodelando

– ¿Sos de las que te gusta caminarlo, perderse y descubrir sus secretos?

– Me enamora este lugar, particularmente el barrio Rawson. Uno se siente fuera de tiempo y espacio, no sabés si estás en la ciudad o en el campo, hay mucho silencio y por la época de la construcción podrías estar en 1940. Creo que es un lugar único en la ciudad de Buenos Aires que cada día está más loca.

– ¿Cómo es tu relación con los vecinos?

– Una de las cosas que más me impresionó cuando llegué es esa: que hay relación entre los vecinos. Como vive relativamente poca gente, todo el mundo se conoce y se saluda

– ¿Te gusta disfrutar de tu casa?, ¿en qué ocupás tus tiempos libres?
Estar en mi casa es una de las cosa que me da más placer. me gusta leer, escuchar música, cocinar, estar con mi familia, en fin nada muy especial, simplemente disfrutar de la casa

http://www.parquechasweb.com.ar/parquechas/notas/Nota_sv.htm

 

Juegos a la hora de la siesta

Roma Mahieu, es una dramaturga y actriz argentina nacida en Polonia en 1937 y residente en España desde 1978. Pertenece a la generación de escritoras argentinas de teatro entre las que están Griselda Gambaro, Aída Bortnik, Diana Raznovich, Hebe Uhart, Beatriz Seibel y Susana Torres Molina.

Mientras vivió en el barrio escribió “Juegos a la hora de la siesta”, que es una obra sobre el tratamiento de la violencia, escrita durante la dictadura militar en el año 1976, donde se sentían muy oprimidos. Es entonces, que encontró esta forma de plasmarla inspirada en los juegos los chicos para así poder sortear la censura. Más tarde que temprano, mientras se encontraba con su esposo en un Festival de Cine en India, se enteraron de que la obra fue prohibida y que ya no podría volver al país. Solamente, a su esposo le fue permitido volver para realizar los arreglos necesarios de la familia en el país, entre ellos la venta del departamento de Tinogasta 2426.

Entre los niños de entonces (hoy ya adultos) se encontraban: Martín Salgán, Hugo Meliante y, también sus hijos, Sasha y Christian, quienes jugaban en el parque mientras ella los observaba jugar desde su casa.

Les sugerimos esta hermosa entrevista que le realizaron en España, donde vive desde el ´78:

 

César Tiempo, poeta bendito

 

fEra inmenso, con esa sencillez y naturalidad que tienen las inmensidades. Cualquiera fuese el rostro que tomara su talento –centenares de poemas, seis, siete volúmenes de reportajes reales o imaginarios, una decena de obras teatrales, medio centenar de guiones cinematográficos, un millar de notas dispersas por los diarios del mundo- cualquiera fuese el rostro que asumiera su palabra, todo estaba impregnado por el enorme poeta que era, poeta luminoso, enamorado, bendecido de humor y sabiduría. A quienes lo conocimos de cerca, sin embargo, los volúmenes que reúnen su obra –textos hondos, conmovedores, de vuelo más que suficiente para asegurarle la inmortalidad a cualquiera- nos parecen apenas el producto menor del César Tiempo persona y personaje, de ese que se desplegaba en la conversación íntima, caudalosa, chispeante.

Con su sonrisa abierta e inteligente y esa mirada suya entre irónica y divertida detrás de gruesos anteojos, lo estoy viendo todavía en su cuarto de trabajo, allá en la calle Tinogasta1 donde vivía, un tercer piso sin ascensor de un monoblock rodeado de jardines. Allí estaba, en esa espaciosa sala, de unos cinco por diez metros, rodeado de libros que cubrían las cuatro paredes de piso a techo  -un techo de los viejos, a tres metros de altura- con libros y papeles ocupando también una gran mesa plantada en un extremo de la habitación, y libros cubriendo las sillas, los sillones, incluso su escritorio, dejando lugar apenas para su viejo “pianito de escribir”. Sólo se abrían paso entre los libros las dos grandes ventanas que daban al jardín y el trozo de muro, frente al escritorio, donde colgaba ese gran retrato, César Tiempo en el barrio judío, pintado por Manuel Eichelbaum allá por el año ‘30. Yo era un aprendiz de poeta que venía a traerle al maestro sus primeros versos. Quitó los libros del sillón para que me sentara, me sonrió, leyó mis papeles, me palmeó la espalda y me hizo dejarle uno de los poemas que vio la luz una semana más tarde en su página sabática de Amanecer, el entonces recién aparecido “primer diario judío en lengua española”.

A partir de entonces volví muchas veces a esa casa, al principio para traerle mis textos, pero muy pronto fueron apenas la excusa para visitar a César Tiempo y conversar con él, es decir, escucharlo. Era un espectáculo fascinante, inolvidable: con voz gruesa, modulada y caudalosa, juzgaba sumariamente a todos los integrantes del mundo literario, tenía decenas de anécdotas sobre cada uno y a cada uno le descubría, de paso, un origen judío. Disparaba sus bromas, sus juegos de palabras y se quedaba esperando, con mirada divertida, su efecto. Y cuando uno soltaba la carcajada, se le iluminaba ese singular rostro suyo, “de rasgos amontonados” según Baldomero Fernández Moreno (“rastrillado atrás el pelo / grueso el labio / fino el verso”)2  y toda la cara le sonreía, con una picardía desprovista de maldad.

Desde esos primeros encuentros con César Tiempo pasaron cuarenta años, y hace ya más de quince que no está entre nosotros. ¿Cómo condensarlo en un libro? ¿Cómo compartirlo con quienes no tuvieron la dicha de conocerlo personalmente? A sabiendas que se trata de una tarea imposible, estas páginas intentan ofrecer una aproximación a su obra mediante una selección de sus poemas y textos en prosa, brindando asimismo un conjunto de testimonios e imágenes que permitan vislumbrar al menos, cómo era el hombre César Tiempo. Toda antología es subjetiva y limitada y ésta no constituye una excepción. Pero se trata de una primera aproximación, sin pretensiones eruditas, a una parte del riquísimo acervo literario y periodístico de un singular poeta, que vivió y cantó el espíritu sabático a la ciudad de Buenos Aires.  (…)

De Estudio introductorio a “Buenos Aires esquina Sábado”, antología de César Tiempo, compuesta y anotada por Eliahu Toker, editada por Archivo General de la Nación en Buenos Aires, 1997.

1 Tinogasta 2426
2 Del “Romance a César Tiempo” de Fernández Moreno, reproducido en Sábado Pleno de CT, pp. 13/16.__ Eliahu Toker – César Tiempo__


 

 

BIOGRAFÍA DE CÉSAR TIEMPO

Con el nombre de Israel Zeitlin nació en la ciudad ucraniana de Ekaterinoslav pero cumplió su primer año de vida en Buenos Aires. En 1924 obtuvo la ciudadanía argentina. Formó parte del Grupo de Boedo. Fue cofundador de la editorial argentino-uruguaya Sociedad Amigos del Libro. En 1930 obtuvo el Premio Municipal de Poesía. En 1937 fundó y dirigió la revista «Columna» y recibió el Premio Nacional de Teatro. En 1945 ganó el Premio Municipal al Mejor Libro Cinematográfico. Entre 1952 y 1955 fue director del suplemento literario del diario La Prensa, en 1957 de la página literaria del diario «Amanecer». Entre 1973 y 1975 se desempeñó como director del Teatro Nacional Cervantes. En 1978 mereció el Premio Sixto Pondal Ríos.
Entre sus obras teatrales destacan Pan criollo y El lustrador de manzanas. Eliahu Toker dijo: «Uno de los momentos más altos y significativos de la palabra poética de César Tiempo es su Arenga en la muerte de Jaim Najman Biálik […] Tiempo se identifica con Biálik: ¡Cuidado con los poetas/ cuyos puños golpean sobre las mesas de los verdugos!, dice dirigiéndose sin duda también a los nazis locales. Y a la judería porteña, a la que reprocha su indiferencia pequeñoburguesa. Y se burla de ellos amargamente.[…] La condición judía y porteña de Tiempo empapa todas sus páginas».

 


 

 

 

Personalidades

El barrio Rawson se caracteriza por haber albergado vecinos ilustres, el más conocido es Julio Cortázar, pero también vivieron en él:

  • César Tiempo
  • Horacio Salgán
  • El ¨Chula¨ Clausi
  • Soledad Villamil
  • Alfredo Casero
  • Pepe Parada

El actor Roberto Mosca vive en el barrio desde hace muchos años. Ver su enorme carrera en:

http://www.imdb.com/name/nm0608263/

¿Conocés algún vecino ilustre más? Escribinos

¿Sabías qué?

El barrio Rawson es una locación muy buscada para la realización de videos y películas. Todos los vecinos reconocemos a nuestro barrio en el video de Ciro y los persas ¨Mírenla¨ protagonizado por Isabel Macedo hace ya unos años.

Asimismo, en 2016 se filmó parte de las escenas de Secretos de Familia, protagonizada por Julieta Díaz, Adrián Suar y Florencia Bertotti.

Volviendo un par de años atrás se filmaron también escenas de Vulnerables, Locas de Amor con Alfredo Casero y Soledad Villamil ambos ex vecinos del barrio.

Seguramente, faltan enumerar muchos videos y películas. ¿Te animás a escribirnos y contarnos?

El valor de la palabra

El valor de la palabra

Nelly Schmalko compró en 1978 el departamento donde vivían la madre y la hermana de Cortázar, en el barrio Rawson, cerca de la Facultad de Agronomía. En diálogo con adncultura , recordó los entretelones de esa operación inmobiliaria que la llevó a entablar amistad con María Herminia Descotte y su hija Memé.

“Por aquella época yo vivía en el centro y buscaba un lugar más amplio para mudarme con mi marido y dos hijos pequeños. Recorrimos Agronomía y vimos un cartel de venta enfrente de una plaza con un jacarandá en flor que llegaba hasta la ventana del departamento. Nos encantó. Era domingo y al otro día volvimos con alguien de la inmobiliaria. Cuando esta persona toca el timbre, escucho que dice: ´Señora Cortázar’. Me sorprendí. Se abrió la puerta y nos atendió una mujer idéntica al escritor. Era su hermana, Memé. Adentro había libros y retratos del escritor. Le dije a la madre que era lectora y admiradora de la obra de Julio. Ella se alegró de que quien estaba interesada en comprar supiera quién era su hijo”.

La venta quedó arreglada ese mismo día, pero surgió un inconveniente: el autor de Bestiario , también dueño de la propiedad, vivía en Europa y no podía volver al país. Nombraron un apoderado, pero pasaron siete meses hasta que la venta se pudo concretar. Mientras tanto, el precio de los inmuebles había aumentado. Doña Herminia, que necesitaba mudarse porque el edificio de Artigas 3246 no tenía ascensor y ella ya no podía subir las escaleras, se vio obligada a ajustar el valor convenido para poder comprar donde había señado. “Creí que iba a perder todo, ya que yo no tenía posibilidad alguna de conseguir más dinero -continúa Nelly-. Al poco tiempo Cortázar envió una carta en la que decía que él iba a pagar la diferencia a la madre para que me pudieran mantener el precio. Él me había dado su palabra y eso tenía un enorme valor.”

Cuando se mudaron a Villa del Parque, las mujeres Cortázar dejaron en Artigas 3246 una antigua biblioteca de madera, que había pertenecido a Julio, y un sillón de mimbre. En el mueble con puertas de vidrio, donde desde entonces Nelly guarda sus libros, no falta un ejemplar de

Rayuela 

. El sillón, se lamenta la docente, que da clases en la carrera de Economía Social y Solidaria de la Universidad Nacional de Quilmes, se perdió en la mudanza de una amiga, a quien se lo había prestado por un tiempo.

Muchos años después de que Schmalko y su familia se instalaran en el edificio, el gobierno porteño colocó una placa para recordar a Cortázar. La mujer tuvo que acostumbrarse a recibir llamados de periodistas, estudiantes y curiosos, que pretenden conocer la casa por dentro. A veces lo permite, como cuando un joven sueco con novia española a punto de terminar una tesis sobre la obra de Cortázar le pidió permiso para sorprender a la chica con una visita privada al departamento. Nelly accedió y los esperó con vino y unos quesos. Eso sí, aclara ella, no prosperaron las propuestas comerciales que recibió en varias oportunidades. Una de ellas: cobrar en dólares a turistas para cenar en el mismo ambiente donde comía el escritor cuando volvía de dar clases en pueblos del interior.

Hasta 1984, año de la muerte de Cortázar, la socióloga visitaba una vez por semana a la madre y la hermana. Les llevaba la correspondencia, tomaban té, charlaban. Una sola vez se cruzó con el escritor. Fue en 1983, cuando él volvió al país luego de su exilio europeo. “Me lo presentaron e intercambiamos algunas palabras -rememora-. Me preguntó por el barrio y por la casa.”

Unos primos del autor, que vivían en Lobos y viajaban a Buenos Aires en las vacaciones, le contaron que cuando eran chicos se sentaban en círculo alrededor del primo mayor para que les leyera cuentos de su biblioteca. También, que el joven Julio tenía que subir a la azotea para tocar la trompeta y evitar, así, las quejas de los vecinos.

Fervor por Buenos Aires

Los altos y descascarados eucaliptos enfilados evocan una entrada de estancia bonaerense.

Barrio Rawson

Algunos caballos echados en el potrero y dos o tres vacas que pastan imperturbables integran el insólito paisaje que habitualmente se contempla desde las ventanas de los edificios de departamentos que bordean el triángulo de la ciudad sobre el cual se levanta el barrio Rawson: Zamudio, Tinogasta y Avenida San Martín.

Barrio Rawson

Este pintoresco rincón porteño -también disminuido jerárquicamente en algunos papeles oficiales como sub-barrio Rawson- lleva el nombre del distinguido legislador, ministro de Mitre y médico higienista fundador de la Cruz Roja Argentina, Guillermo Rawson, y formó parte de la legendaria Chacarita de los Colegiales, propiedad de la Compañía de Jesús.

Barrio Rawson

Al ser expulsado los jesuitas del Río de la Plata, estas posesiones, reclamadas justa o injustamente por infinidad de vecinos, siguieron intrincados caminos judiciales, y sobre parte de ellas se formó en 1904 la Escuela -posteriormente Facultad- de Agronomía.

Barrio Rawson

A fines de la década del 20 el Banco Hipotecario Nacional dio comienzo a lo que se denominó Barrio de Casas Baratas, que comprendía una mezcla de casas individuales y bloques de departamentos de planta baja y tres pisos. Su adquisición se concretaba por un singular sistema: quienes deseaban alquilar pagaban mensualmente un monto determinado, y quienes adquirían pagaban un monto muy similar, pero en carácter de cuota a cuenta del precio total. Lo que hoy se llama leasing. Aún cuando ya mucha gente vivía desde tiempo atrás, el barrio fue inaugurado oficialmente en febrero de 1934.

Barrio Rawson

Conviven en esta singular rinconada numerosos chalets ingleses y los severos edificios de departamentos, de una dignísima calidad y generosa amplitud, más cercanos a un estilo nórdico, como que fueron construidos por una firma alemana de aquellos años, todo el conjunto rebosante de flores, plantas y árboles armoniosamente distribuidos en cuidadísimos jardines. Es otro mundo, sin bocinas, sin gritos, de gente que pasea tranquilamente sin molestar al prójimo, de vecinos que se saludan…

Barrio Rawson

Norma Gómez Troncosi, poetisa y vecina, revivió hace algunos años el clima de su infancia en un sentido poema, del que ofrecemos una muestra:

Eramos todos hijos de todas las familias
Teníamos muchos padres, tíos, primos, abuelos
Y la visita diaria del carro del lechero
Torino y las cebollas y el grito del cartero.
-.-
De día mariposas y en las noches serenas
Hacer los farolitos con frascos y luciérnagas
Aromas de limones, de tilos, de azucenas
Verano, invierno, otoño
Jardines y arboledas…

Barrio Rawson

En el 3er. Piso del edificio circundado por jardines y árboles, Artigas 3246, vivió unos años Julio Cortázar, junto a su madre y a su hermana Memé. Así lo recuerda una placa: “En este edificio vivió Julio Cortázar (1914-1984). El clima del Barrio Rawson y Agronomía está presente en varios de sus cuentos. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”.

También otro singular poeta porteño, Carlos Muñoz y Pérez, (Carlos de la Púa) inmortalizado por su sólo libro -“La crencha engrasada”-, es recordado por la plazoleta que lleva su nombre, ubicada frente a la puerta por la que tantas veces pasó Julio. El Barrio Rawson es de los pocos secretos que le quedan a Buenos Aires. No lo divulguen. O como diría de la Púa: “No aviven a los giles…”

Bienvenidos

Barrio Rawson
El Barrio Parque “Guillermo Rawson” es un conjunto de viviendas construido en el barrio de Agronomía, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Es considerado uno de los barrios no oficiales que no se encuentran entre de los 48 reglamentados en 1972.

Fue uno de los proyectos de barrios planificados por la Comisión Nacional de Casas Baratas (CNCB), un organismo estatal creado por la Ley Nacional nº 9677 en 1915, iniciativa del diputado cordobés Juan F. Cafferata. Se construyó en el año 1928-1930 se inauguró en el año 1934.

Estuvo compuesto originalmente por dos sectores diferenciados. Por un lado, un conjunto de 9 edificios de departamentos de planta baja y 3 pisos altos distribuidos dentro de un parque. Por el otro, 104 casas individuales sobre un trazado de pasajes en una superficie de contorno triangular, entre las calles Espinoza, Tinogasta y Zamudio. Los departamentos se distribuyeron de a 8 por edificio (en total son 72), contando con hall, comedor, 3 dormitorios, living, cocina y patio cubierto. Las casas unifamiliares contaron con una sala común, 4 dormitorios, baño, cocina, lavadero y despensa.

Además, el barrio posee una plaza de uso público con un gran tanque de provisión de agua. En este barrio vivieron varios tangueros y escritores, entre ellos César Tiempo y Julio Cortázar, y en homenaje a él, la calle Espinoza ahora lleva su nombre.

Fuente: Wikipedia